domingo, 28 de noviembre de 2010

GUÍA DE LECTURA DE ROMEO Y JULIETA

                       

ACTO IV

1. Analiza el comportamiento de Julieta ante las palabras amorosas de Paris, quien asegura que será su esposo el jueves.

2. ¿Qué le propone fray Lorenzo a Julieta como remedio para su desgracia?

3. ¿Cómo reaccionan los padres de Julieta ante el cambio de opinión de la joven? ¿De qué manera consigue Julieta quedarse a solas?

4. ¿A qué le tiene miedo Julieta cuando se prepara para beber el brebaje que le ha preparado el fraile?

5. ¿Puede considerarse la escena de los preparativos de la boda entre Julieta y Paris como una escena de transición? Justifica tu respuesta.

6. ¿Cómo reacciona cada uno de los personajes que interviene en la escena ante la fingida muerte de Julieta? ¿Qué función tiene la escena de los músicos?


ACTO V

1. ¿Qué presiente Romeo al principio de este acto? ¿Se cumplirá lo que le anuncia el sueño?

2. ¿Qué noticia le trae Baltasar? ¿Qué ha fallado en el plan de fray Lorenzo?

3. Explica cuál es el plan de Romeo para reunirse con su amada Julieta, a la que cree muerta. ¿Con quiénes coincide en el cementerio? ¿Para qué han ido allí cada uno de ellos?

4. Explica el desenlace de la tragedia: ¿qué sucede en el cementerio?

5. ¿El amor vence al odio en esta tragedia? Justifica tu respuesta.

FECHA DE ENTREGA: 10 DE DICIEMBRE

lunes, 22 de noviembre de 2010

"CUENTOS DE CANTERBURY" DE GEOFFREY CHAUCER

                                                 

EL CUENT0 DE LA COMADRE DE BATH

   En los viejos tiempos del rey Arturo, cuya fama todavía pervive entre los naturales de Gran Bretaña, todo el reino andaba lleno de grupos de hadas. La reina de los Elfos y su alegre cortejo danzaba frecuentemente por los prados verdes. Según he leído, ésta es la vieja creencia; hablo de hace muchos centenares de años; pero ahora ya no se ven hadas, pues actualmente las oraciones y la rebosante caridad cristiana de los buenos frailes llenan todos los rincones y recovecos del país como las motas de polvo centellean en un rayo de sol, bendiciendo salones, aposentos, cocinas y dormitorios; ciudades, burgos, castillos, torres y pueblos; graneros, alquerías y establos; esto ha ocasionado la desapancion de las hadas. En los lugares que frecuentaban los elfos, ahora andan los frailes mañana y tarde, musitando sus maitines y santos oficios mientras rondan por el distrito. Por lo que, actualmente, las mujeres pueden pasear tranquilamente junto a arbustos y árboles; un fraile es al único sátiro que encuentran, y todo lo que éste hace es quitarles la honra. Pues bien, sucedió que en la corte del rey Arturo había un caballero joven y alegre. Un día que, montado en su caballo, se dirigía a su casa después de haber estado dedicándose a la cetrería junto al río, se topó casualmente con una doncella que iba sin compañía y, a pesar de que ella se defendió como pudo, le arrebató la doncellez a viva fuerza.
   Esta violación causó un gran revuelo. Hubo muchas peticiones de justicia al rey Arturo, hasta que, por el curso de la ley, el caballero en cuestión fue condenado a muerte. Y hubiese sido decapitado (tal era, al parecer, la ley en aquellos tiempos) si la reina y muchas otras damas no hubieran estado importunando al rey solicitando su gracia, hasta que al fin él le perdonó la vida y lo puso a merced de la reina para que fuese ella a su libre albedrío la que decidiese si debía ser ejecutado o perdonado.
  La reina expresó al rey su profundo agradecimiento y, al cabo de uno o dos días, encontró la oportunidad de hablar con el caballero, al que dijo:
-Os encontráis todavía en una situación muy dificil, pues vuestra vida no está aún a salvo; pero os concederé la vida si me decís qué es lo que las mujeres desean con mayor vehemencia. Pero, ¡ojo!, tened mucho cuidado. Procurad salvar vuestra cerviz del acero del hacha. No obstante, si no podéis dar la respuesta inmediatamente, os concederé el permiso de ausentaros durante un año y un día para encontrar una solución satisfactoria a este problema. Antes de que os pongáis en marcha, debo tener la certeza de que os presentaréis voluntariamente a este tribunal.
   El caballero estaba triste y suspiró con mucha pena; sin embargo, no tenía otra alternativa. Al fin decidió partir y regresar al cabo de un año con cualquier respuesta que Dios quisiese proporcionarle. Por lo que se despidió y púsose en marcha.
  Visitó todas las casas y lugares en los que pensaba que ten­dría la suerte de averiguar qué cosa es la que las mujeres ansían más, pero en ningun país encontró a dos personas que se pusiesen de acuerdo sobre el asunto.
  Algunos decían que lo que más quieren las mujeres es la riqueza; otros, la honra; otros, el pasarlo bien; otros, los ricos atavíos; otros, que lo que preferirían eran los placeres de la cama y enviudar y volver a casarse con frecuencia. Algunos decían que nuestros corazones se sienten más felices cuando se nos consiente y lisonjea, lo que tengo que admitir está muy cerca de la verdad. La lisonja es el mejor método con que un hombre puede conquistarnos; mediante atenciones y piropos, todas nosotras caemos en la trampa.
  Pero algunos afirmaban que lo que nos gusta más es ser libres y hacer nuestro antojo y no tener a nadie que critique nuestros defectos, sino que nos recreen los oídos diciendo que somos sensatas y nada tontas; pues, a decir verdad, no hay ninguna de nosotras que no diese coces si alguien le hiriese en un sitio doloroso. Si no, probad y lo veréis; por malas que seamos por dentro, siempre queremos que se piense de nosotras que somos virtuosas y juiciosas.
   No obstante, otros opinan que nos gusta muchísimo ser consideradas discretas, fiables y firmes de propósitos, incapaces de traicionar nada de lo que se nos diga. Pero yo encuentro que esta idea no vale un comino. ¡Por el amor de Dios! Nosotras las mujeres somos incapaces de guardar nada en secreto. Ved, por ejemplo, el caso de Midas. ¿Os gustaría oír la historia? Ovidio, entre otras minucias, dice que Midas tenía ocultas bajo su largo pelo dos orejas de asno que le crecían de la cabeza. Un defecto que él ocultaba cuidadosamente lo mejor que podía; solamente su esposa lo conocía. Él la idolatraba y también le tenía gran confianza. Le rogó que no contase a ningún ser vivo que tenía dicho defecto. Ella juró y perjuró que, por todo el oro del mundo, no le haría aquel flaco favor ni le causaría daño, para no empañar su buen nombre. Aunque fuese por propia vergüenza, no lo divulgaría. A pesar de ello creyó morir si guardaba este secreto tanto tiempo; le pareció que crecía y se hinchaba dentro de su corazón hasta tal punto que no pudo más de dolor y tuvo la sensación de que debía hablar o estallaría. Pero, sin embargo, como no se atrevía a decirlo a nadie, se aproximó a una marisma cercana -su corazón lleno de fuego hasta que llegó allí- y puso sus labios sobre la superficie del agua como un avetoro que se solazaba en el barro: «Agua, no me traiciones con tu rumor -dijo ella-. Te lo digo yo a ti y sólo a ti: mi marido tiene dos largas orejas de asno. Ahora que lo he sol­tado, no podía callármelo por más tiempo, ya lo creo.» Esto demuestra que nosotras no sabemos guardar nada en secreto; lo podemos callar por un tiempo, pero a la larga tiene que salir. Si queréis oír el resto del cuento, leed a Ovidio; todo lo hallaréis allí.
   Pero regresemos al caballero de mi historia. Cuando se dio cuenta de que no podía descubrirlo -quiero decir lo que las mujeres queremos por encima de todo-, sintió una gran pesadumbre en el corazón; pero, con todo, se puso en camino hacia casa, pues no podía esperar más. Había llegado el día en que debía regresar al hogar.
  Mientras iba cabalgando lleno de tristeza pasó junto a un bosque y vio a veinticuatro damas o más, que bailaban; se acercó por curiosidad esperando aumentar su sabiduría. Pero antes de llegar hasta donde estaban aquéllas, por arte de birlibirloque, desaparecieron, sin que él tuviese la menor idea de hacia dónde habían ido. Excepto una sola anciana que estaba allí sentada sobre el césped, no divisaba a un solo ser viviente. Por cierto que esta anciana, que era la persona más fea que uno pueda imaginar, se levantó del suelo al acercársele el caballero y le dijo:
-Señor, no hay camino que siga desde aquí. Decidme lo que buscáis; será probablemente lo mejor; nosotros las ancianas sabemos un montón de cosas.
-Buena mujer -replicó el caballero-, la verdad es que puedo darme por muerto si no logro poder decir qué es lo que las mujeres desean más. Si me lo podéis decir, os recompensaré con largueza.
-Poned vuestra mano en la mía y dadme vuestra palabra de que haréis la primera cosa que os pida si está en vuestra mano -dijo ella-, y antes de que caiga la noche os diré de qué se trata.
-De acuerdo -dijo el caballero-. Tenéis mi palabra.
-Entonces -dijo ella- me atrevo a asegurar que habéis salvado la vida, pues apuesto que la reina dirá lo mismo que yo. Mostradme a la más orgullosa de ellas, aunque lleve el tocado más valioso, y veremos si se atreve a negar lo que os diré. Ahora partamos y dejémonos de charlas.
Entonces ella le susurró su mensaje al oído, diciéndole que se animase y no tuviera más miedo.
  Cuando llegaron a la corte, el caballero anunció que, de acuerdo con lo prometido, había regresado puntualmente y estaba dispuesto a dar su respuesta. Más de una noble matrona, más de una doncella, y muchas viudas también (puesto que tienen mucha sabiduría), se reunieron a escuchar su respuesta, con la mismísima reina sentada en el trono del juez. Entonces hizo llamar al caballero a su presencia.
Se mandó que todos callasen mientras el caballero explica­ba en pública audiencia qué es lo que más desean las mujeres en este mundo. El caballero, lejos de quedarse callado como un muerto, dio su respuesta enseguida. Habló con voz sonora para que todos pudiesen oírle.
-Mi soberana y señora -empezó-, en general las mujeres desean ejercer autoridad tanto sobre sus esposos como sobre sus amantes y tener poder sobre ellos. Aunque con ello respondo con mi vida, éste es su mayor deseo. Haced lo que queráis; estoy aquí a vuestra merced.
  Ni una sola matrona, doncella o viuda en todo el tribunal contradijo tal afirmación. Todas declararon que merecía conservar la vida. En aquel momento la anciana, a quien el caballero había visto sentada en el césped, se puso en pie de un salto y exclamó:
-¡Gracias, soberana señora! Ved que se me haga justicia antes de que este tribunal se disuelva.
  Yo di la respuesta al caballero, a cambio de lo cual él empeñó su palabra de que realizaría la primera cosa que pudiera que estuviese en su poder hacer. Por consiguiente, señor caballero, os lo ruego ante todo este tribunal: tomadme por esposa, pues sabéis muy bien que os he librado de la muerte. Si lo que afirmo es falso, negadlo bajo juramento.
-¡Ay de mí! -repuso el caballero-. Sé muy bien que hice esta promesa. Por el amor de Dios, pedidme otra cosa: tomad todos mis bienes, pero dejadme mi cuerpo.
-De ninguna manera -dijo ella-. ¡Que caiga una mal­dición sobre nosotros dos si renuncio! Vieja, pobre y fea como soy, por todo el oro y todos los minerales que están enterrados bajo tierra o se encuentran en su superficie, no quiero nada que no sea ser tu esposa y también tu amante. -¡Mi amante! -exclamó él-. Tú lo que quieres es mi perdición. ¡Hay que ver! Que uno de mi estirpe tenga que contraer tan vil alianza.
  Pero no hubo nada a hacer. Al final él se vio obligado a aceptar el casarse con ella y llevar a la anciana a su lecho. Ahora quizá alguno de vosotros me diréis que no me preocupo en describir todas las preparaciones y el regocijo que hubo en la boda por pereza. Mi respuesta será breve: no hubo ni regocijo ni festejo de boda alguno, nada, excepto tristeza y desánimo. A la mañana siguiente él la desposó en secreto y se ocultó como una lechuza durante el resto del día. ¡Se sentía tan desgraciado por la fealdad de su mujer!
  El caballero sufrió mucha angustia mental cuando su mujer le arrastró a la cama. Él se volvió y revolvió una y otra vez, mientras su anciana esposa le miraba sonriendo acostada. Entonces ella dijo:
-¡Bendícenos, querido marido! ¿.Todos los caballeros se comportan así con su esposa? ¿Es ésta la costumbre en la corte del rey Arturo? ¿Todos sus caballeros son tan poco complacientes? Soy tu esposa y también tu enamorada: la que te salvó la vida. Verdaderamente, hasta ahora, no me he porta­do mal contigo. Por consiguiente: ¿por qué te comportas así conmigo en nuestra primera noche? Te portas como un hombre que ha perdido el seso. ¿Qué es lo que he hecho mal? ¡Por el amor de Dios! ¡Dímelo y lo arreglaré si puedo!
-¿Arreglarlo? -exclamó el caballero--. ¡Ay de mí! Eso nunca, nunca se podrá arreglar. Eres horrorosa, vieja y, ade­más, de baja estirpe. No debe maravillarte que me vuelva y me revuelva. ¡Ojalá quisiera Dios que mi corazón reventase!
-¿Esta es la causa de tu desasosiego? -preguntó ella.
-¡Claro que lo es! No debe maravillarte -replicó él. -Pues bien, señor -repuso ella-. Yo podría arreglar eso en menos de tres días si me lo propusiese, con tal que te portases bien conmigo.
»Pero ya que tú hablas de la clase de nobleza que proviene de antiguas posesiones y crees que la gente debe pertenecer a la nobleza, por tal razón ese tipo de orgullo no vale un pimiento. El hombre que es siempre virtuoso, tanto en público como en privado, y que trata siempre de realizar cuantos actos nobles puede, a ése, sí, tómalo por el más grande entre los nobles. Jesucristo quiere que obtengamos nobleza de Él y no de nuestros padres gracias a su riqueza ancestral; pues, aunque puedan darnos toda su herencia -merced a la cual pretendemos ser de elevado linaje-, no puede haber forma de que no dejen en testamento su virtuoso sistema de vida, que es el único que realmente les faculta para poderse llamar nobles y que nos obliga con su ejemplo.
»Sobre este asunto, Dante, el sabio poeta florentino, es particularmente elocuente. Los versos de Dante rezan aproximadamente así: "Resulta raro que la alteza del hombre se levante por las ramas, porque Dios en su bondad desea que nosotros le pidamos nuestra nobleza".
»Ocurre, pues, que nosotros no podemos exigir nada de nuestros antepasados, salvo cosas temporales que pueden resultarnos dañinas y perjudiciales. Todo el mundo sabe tan bien como yo que si la nobleza fuese implantada por naturaleza en cualquier familia, de modo que toda la línea la heredase, entonces nunca dejarían de realizar actos nobles, tanto en privado como en público, y serían incapaces de obrar el mal y entregarse al vicio.
»Coge fuego, llévalo a la casa más oscura que exista entre aquí y el monte Cáucaso, luego cierra las puertas y vete; pues bien, el fuego arderá y quemará con el mismo fulgor que si estuviesen allí veinte mil personas contemplándolo; ese fuego, apuesto mi vida, continuará realizando su función natural hasta que se extinga.
»Puede deducirse claramente de esto que la nobleza no depende de las posesiones, ya que la gente no siempre se ajusta al modelo, mientras que el fuego siempre es fuego. Dios sabe con qué frecuencia se ve al hijo de un señor comportarse indigna y vergonzosamente. El que quiera ser respetado por su rango -por haber nacido en el seno de una familia noble con dignos y virtuosos antepasados- no es noble, aunque sea duque o conde, si él personalmente no realiza actos nobles o sigue el ejemplo de sus antepasados difuntos: las acciones malas y perversas son las que configuran a un sinvergüenza.
»La nobleza no es más que la fama de vuestros antepasa­dos; ellos la ganaron por su bondad, lo que no tiene nada que ver contigo; su nobleza les viene sólo de Dios. Por ello nuestra verdadera nobleza nos llega a través de la gracia; no nos es concedida sin más por nuestra posición.
»Pensad cuán noble (según dice Valerio) fue ese Tulio Hostilio que se alzó de la pobreza hasta el rango más elevado. Leed a Séneca y a Boecio también; en ellos encontraréis mencionado en forma explícita que un noble es, indudable­mente, un hombre que realiza hechos heroicos. Por ello, querido esposo, termino diciendo que aunque mis antepasados hayan sido de humilde cuna, Dios Todopoderoso me concederá la gracia de vivir virtuosamente. Solamente cuando empiezo a huir del mal y vivir en la virtud, soy noble.
»En cuanto a la pobreza que me reprocháis, el Señor que está en las alturas (y en quien creemos) eligió voluntariamente vivir una vida de pobreza. Me parece que resulta evidente para todo hombre, mujer y niño que Jesús, el rey de los Cielos, jamás hubiese elegido vivir un tipo de vida inadecuado. La pobreza es honorable cuando se acepta animosamente, como Séneca y otros hombres sabios os contarán. El que está contento con su pobreza, le tengo por rico aunque ande descamisado. El que envidia a los demás es un hombre po­bre, porque quiere lo que no puede poseer; pero el que no tiene nada m ambiciona nada, es rico, aunque podáis pensar que no es más que un campesino.
»Juvenal tiene una frase feliz sobre la pobreza: «Cuando un hombre pobre sale de viaje, se puede reír de los ladrones.» Yo diría que la pobreza es un bien odioso: es un gran incentivo para los esfuerzos activos y un gran promotor de sabiduría para aquellos que la aceptan con resignación y paciencia. Aunque pueda parecer dificil de soportar, la pobreza es una clase de riqueza que nadie tratará de quitarte. Si uno es humilde, la pobreza generalmente le aporta un buen conocimiento de Dios y de sí mismo. La pobreza es un prisma mágico -me parece-, a través del cual uno puede ver sola­mente a los verdaderos amigos. Por consiguiente, señor, ya que no os ofendo en eso, no podéis reprocharme que sea pobre.
»Luego, señor, me echáis en cara el ser vieja. Pero, realmente, señor, incluso aunque no hubiese justificación de la vejez en los libros, los caballeros honorables como vos decís que la gente debe respetar al anciano y le llamáis "señor" en señal de buenos modales. Me imagino podría encontrar autoridades sobre ello.
»Luego decís que soy vieja y fea, pero por otra parte no tenéis miedo de que os haga cornudo, pues, como que vivo y respiro, la suciedad y edad avanzada son los mejores guardianes de la castidad. Pero sé qué es lo que os deleita y satisface vuestros más torpes apetitos.
»Ahora, elegid. Escoged una de estas dos cosas: o me tendréis vieja y fea por el resto de mi vida, pero fiel y obediente esposa; o bien me tendréis joven y hermosa, y habréis de exponeros a que todos los hombres vengan a vuestra casa por mí, o quizá a algún otro lugar. La selección es vuestra, sea cual sea la que elijáis.
El caballero se lo pensó largamente, suspirando profunda mente todo el rato. Al fin, dio la respuesta:
-Mi señora, queridísima esposa y amor mío. Me confio a vuestra sabia experiencia; haced vos misma lo que creáis que sea más agradable y honroso para los dos. No me importa la elección que hagáis, pues la que os guste me satisfará a mí también.
-Entonces he ganado el dominio sobre vos dijo ella-, ya que puedo escoger y gobernar a mi antojo. ¿No es así? -Claro que sí -replicó él-. Creo que es lo mejor. -Bésame -contestó ella-; no volveremos a pelear, pues por mi honor os aseguro que seré las dos (quiero decir que seré hermosa y también buena). Pido a Dios que me envíe locura y muerte si no soy una esposa buena y fiel como jamás se ha visto desde que el mundo es mundo. Y mañana por la mañana, si no soy más bella que cualquier señora, reina o emperatriz entre Oriente y Occidente, entonces disponed de mi vida como os plazca. Levantad la cortina y contemplad.
Y cuando el caballero vio que era así realmente, que era tan joven como encantadora, la tomó entre sus brazos embargado de alegría; su corazón estaba inundado por un océano de felicidad. La besó más de mil veces de un tirón y ella le obedeció en todo lo que le podía producir deleite o proporcionarle placer.
Y así vivieron alegres y felices por el resto de sus vidas. Que Jesucristo os envíe mandos obedientes, jóvenes y animosos en la cama y que nos conceda la gracia de sobrevivir a aquellos con los que nos casemos. También ruego a Jesús que acorte los días de aquellos que no quieren ser gobernados por sus esposas; y en cuanto a los esperpentos viejos, gru­ñones y tacaños, ¡que Dios les confunda!

 
AQUÍ TERMINA EL CUENTO DE LA COMADRE DE BATH

jueves, 18 de noviembre de 2010

CHÈTIEN DE TROYES: "PERCEVAL O LA CORTE DEL GRIAL"

 

En el castillo del Grial


    [El joven protagonista, ya armado caballero por Gornemant, participa en la defensa del castillo de Belrepeire, donde conoce a la joven Blancaflor, que despierta el amor en él. Tras esto, Perceval acude al castillo del Grial, donde habita el Rey Pescador. Durante una cena, ve una extraña procesión, en la que se muestran tres elementos: una lanza, un grial y un plato. Estos tres objetos, así como el hecho de que Perceval no pregunte sobre su significado, están cargados de complejos simbolismos. La lanza representa a aquella que fue clavada en el cuerpo de Cristo en la cruz; el grial, la copa donde se recogió la sangre de Cristo crucificado; y el plato alude al que se utiliza para la Eucaristía. Por otra parte, el silencio de Perceval ante la procesión tendrá terribles consecuencias para el Rey Pescador y para sí mismo, como le explicará su prima al día siguiente...]
   Había ahí dentro una iluminación tan grande como la podrían procurar las candelas en un albergue. Y mientras hablaban de diversas cosas, de una cámara llegó un paje que llevaba una lanza blanca empuñada por la mitad, y pasó entre el fuego y los que estaban sentados en el lecho. Todos los que estaban allí veían la lanza blanca y el hierro blanco, y una gota de sangre salía del extremo del hierro de la lanza, y hasta la mano del paje manaba aquella gota roja. El muchacho que aquella noche había llegado ahí ve este prodigio, pero se abstiene de preguntar cómo ocurría tal cosa, porque se acordaba del consejo de aquel que lo hizo caballero, que le dijo y le enseñó que se guardara de hablar demasiado. Y teme que, si lo pregunta, será considerado como un rústico, y por eso no preguntó nada.

   Mientras tanto llegaron otros dos pajes que llevaban en la mano candelabros de oro fino trabajado con nieles. Los pajes que llevaban los candelabros eran muy hermosos. En cada candelabro ardían por lo menos diez candelas. Una doncella, hermosa, gentil y bien ataviada, que venía con los pajes, sostenía entre sus dos manos un grial. Cuando allí hubo entrado con el grial que llevaba, se derramó una claridad tan grande que las candelas perdieron su brillo, como les ocurre a las estrellas cuando sale el sol, o la luna. Después de esta vino otra que llevaba un plato de plata.

martes, 16 de noviembre de 2010

"CANTAR DE LOS NIBELUNGOS"



Así termina el "Cantar de los Nibelungos":

I'ne kan iu niht bescheiden / was sider da geschach:
 wan ritter unde vrouwen / wein man da sach,

 dar zuo die edeln knehte, / ir lieben friunde tot,
 hie hat das maere ein ende: / das ist der Nibelunge not.

 No puedo referir qué pasó después.
 Caballeros, mujeres y nobles escuderos lloraron
 a sus queridos amigos muertos.
 Aquí la historia tiene fin: éste es el Pesar de los Nibelungos.

   La leyenda de los Nibelungos y de Sigfrido constituye la creación más considerable de la epopeya germánica, y, gracias a la ópera de Wagner, es hoy día universalmente conocida.
   Los núcleos originarios de esta leyenda parecen derivar de tradiciones antiquísimas de tipo mitológico, que adquirieron la primera forma literaria a la que podemos remontamos en cantos o eddas posiblemente creados en los siglos VIII a XI, transmitidos oralmente, y luego confiados a la escritura en el XII o el XIII. Esta labor, realizada en Islandia, Groenlandia y Noruega, parece basarse en temas legendarios sobre Sigfrido (Sigurdh en los textos nórdicos), nacidos entre los francos del bajo Rin, y en leyendas burgundias del alto Rin sobre la figura de Gunter, trasunto del histórico Gundakar, rey burgundio que en el año 437 fue vencido por los hunos. Al parecer, los textos éddicos reflejan con cierta fidelidad la trama y el espíritu de las primitivas leyendas renanas.
    En relación con las versiones primitivas germánicas y de los cantares éddicos, el Cantar de los Nibelungos desarrolla la trama con curiosas innovaciones: la más importante es la interpretación favorable de Atila y de los hunos, que son presentados con simpatía como pacíficos y justos, siendo así que el personaje de Krimilda corresponde, según una antiquísima tradición, a la histórica princesa Hildiko, la cual, para vengar a los germanos, se habría casado con Átila y lo habría asesinado en la noche de bodas. Por otro lado, en la antigua versión nórdica Sigfrido, antes de conocer a Gunter, había realizado ya un viaje a Islandia y había salido victorioso de las pruebas impuestas por Brunilda, lo que da más intensidad al posterior odio de ésta.
   El autor del Cantar de los Nibelungos combinó varias tradiciones, que fue amoldando a la estructura y ordenación general del poema, donde el concepto de la venganza, personificado en la magistral figura de Krimilda, adquiere un patetismo heroico y una implacabilidad obsesionante. Krimilda es, de hecho, la figura central del poema: delicada, tierna e ingenua en su juventud, mientras vive Sigfrido; brutal y sanguinaria en su madurez y empeñada en el terrible duelo con Hagen, que no cesará hasta que ella colme sus deseos de venganza. Quien leyera escenas aisladas del principio y del final de los Nibelungos creería que se trata de dos figuras femeninas distintas, pero cuando se sigue el poema paso a paso se advierte que el autor, verdadero artista y penetrante psicólogo, ha hecho que tal transformación sea perfectamente natural, matizada con rasgos significativos que justifican plenamente la evolución de su carácter. La escena de la discusión entre Krimilda y Brunilda es un constante acierto en la captación de la psicología femenina y revela maduras dotes de observación.
   El gran poema alemán fue objeto de nuevas adaptaciones en la Edad Media y en el  Renacimiento, y su influjo se deja notar en algunos cantares de gesta franceses tardíos y tal vez en la leyenda castellana del cerco de Zamora, donde la muerte del rey don Sancho a manos de Bellido Dolfos parece inspirada en la de Sigfrido por Hagen.

lunes, 15 de noviembre de 2010

LAS MIL Y UNA NOCHES



HISTORIA DE ALADINO Y LA LÁMPARA MÁGICA

   He llegado a saber, ¡oh rey afortunado!, ¡oh dotado de buenos modales!, que en la antigüedad del tiempo y el pasado de las edades y de los momentos, en una ciudad entre las ciudades de la China, y de cuyo nombre no me acuerdo en este instante, había -pero Alá es más sabio- un hombre que era sastre de oficio y pobre de condición. Y aquel hombre tenía un hijo llamado Aladino, que era un niño mal educado y que desde su infancia resultó un galopín muy enfadoso. Y he aquí que cuando el niño llegó a la edad de diez años, su padre quiso hacerle aprender por lo pronto algún oficio honrado; pero, como era muy pobre, no pudo atender a los gastos de la instrucción y tuvo que limitarse a tener con él en la tienda al hijo, para enseñarle el trabajo de aguja en que consistía su propio oficio. Pero Aladino, que era un niño indómito acostumbrado a jugar con los muchachos del barrio, no pudo amoldarse a permanecer un solo día en la tienda. Por el contrario, en lugar de estar atento al trabajo, acechaba el instante en que su padre se veía obligado a ausentarse por cualquier motivo o a volver la espalda para atender a un cliente, y al punto el niño recogía la labor a toda prisa y corría a reunirse por calles y jardines con los bribonzuelos de su calaña. Y tal era la conducta de aquel rebelde, que no quería obedecer a sus padres ni aprender el trabajo de la tienda. Así es que su padre, muy apenado y desesperado por tener un hijo tan dado a todos los vicios, acabó por abandonarle a su libertinaje; y su dolor le hizo contraer una enfermedad, de la que hubo de morir. ¡Pero no por eso se corrigió Aladino de su mala conducta!
   Entonces la madre de Aladino, al ver que su esposo había muerto y que su hijo no era más que un bribón, con el que no se podía contar para nada, se decidió a vender la tienda y todos los utensilios de la tienda, a fin de poder vivir algún tiempo con el producto de la venta, pero como todo se agotó en seguida tuvo necesidad de acostumbrarse a pasar sus días y sus noches hilando lana y algodón para ganar algo y alimentarse y alimentar al ingrato de su hijo.
En cuanto a Aladino, cuando se vio libre del temor a su padre, no le retuvo ya nada y se entregó a la pillería y a la perversidad. Y se pasaba todo el día fuera de casa para no entrar más que a las horas de comer. Y la pobre y desgraciada madre, a pesar de las incorrecciones de su hijo para con ella y del abandono en que la tenía, siguió manteniéndole con el trabajo de sus manos y el producto de sus desvelos, llorando sola lágrimas muy amargas. Y así fue cómo Aladino llegó a la edad de quince años. Y era verdaderamente hermoso y bien formado, con dos magníficos ojos negros, y una tez de jazmin, y un aspecto de lo más seductor.
Un día entre los días, estando él en medio de la plaza que había a la entrada de los zocos del barrio, sin ocuparse más que de jugar con los pillastres y vagabundos de su especie, acertó a volar por allí un derviche magrebí que se detuvo mirando a los muchachos obstinadamente. Y acabó por posar en Aladino sus miradas y por observarle de una manera bastante singular y con una atención muy particular, sin ocuparse ya de los otros niños camaradas suyos. Y aquel derviche, que venía del último confín del Maghreb, de las comarcas del interior lejano, era un insigne mago muy versado en la astrología y en la ciencia de las fisonomías; y en virtud de su hechicería podría conmover y hacer chocar unas con otras las montañas más altas. Y continuó observando a Aladino con mucha insistencia y pensando: "¡He aquí por fin el niño que necesito, el que busco desde hace largo tiempo y en pos del cual partí del Maghreb, mi país!" Y aproximóse sigilosamente a uno de los muchachos, aunque sin perder de vista a Aladino, le llamó aparte sin hacerse notar, y por él se informó minuciosamente del padre y de la madre de Aladino, así como de su nombre y de su condición. Y con aquellas señas, se acercó a Aladino sonriendo, consiguió atraerle a una esquina, y le dijo: "¡Oh hijo mio! ¿No eres Aladino, el hijo del honrado sastre?" Y Aladino contestó: "Sí ,soy Aladino. ¡En cuanto a mi padre, hace mucho tiempo que ha muerto!" Al oír estas palabras, el derviche magrebí se colgó del cuello de Aladino, y le cogió en brazos, y estuvo mucho tiempo besándole en las mejillas, llorando ante él en el límite de la emoción. Y Aladino, extremadamente sorprendido, le preguntó.. "¿A qué obedecen tus lágrimas, señor? ¿Y de qué conocías a mi difunto padre? Y contestó el magrebí, con una voz muy triste y entrecortada: "¡Ah hijo mío! ¿cómo no voy a verter lágrimas de duelo y de dolor, si soy tu tío, y acabas de revelarme de una manera tan inesperada la muerte de tu difunto padre, mi pobre hermano? ¡Oh hijo mío! ¡Has de saber, en efecto, que llego a este país después de abandonar mi patria y afrontar los peligros de un largo viaje, únicamente con la halagüeña esperanza de volver a ver a tu padre y disfrutar con él la alegría del regreso y de la reunión! ¡Y he aquí, ¡ay! ,que me cuentas su muerte!" Y se detuvo un instante, como sofocado de emoción; luego añadió: "¡Por cierto, ¡oh hijo de mi hermano! , que en cuanto te divisé, mi sangre se sintió atraída por tu sangre y me hizo reconocerte en seguida, sin vacilación, entre todos tus camaradas! ¡Y aunque cuando yo me separé de tu padre no habías nacido tú, pues aún no se había casado, no tardé en reconocer en ti sus facciones y su semejanza! ¡Y eso es precisamente lo que me consuela un poco de su pérdida! ¡Ah! ¡qué calamidad cayó sobre mi cabeza! ¿Dónde estás ahora, hermano mío a quien creí abrazar al menos una vez después de tan larga ausencia y antes de que la muerte viniera a separarnos para siempre? ¡Ay! ¿quién puede envanecerse de impedir que ocurra lo que tiene que ocurrir? En adelante, tú serás mi consuelo y reemplazarás a tu padre en mi aflición, puesto que tienes sangre suya y eres su descendiente; porque dice el proverbio: "¡Quién deja posteridad no muere!"
Luego el magrebí, sacó de su cinturón diez dinares de oro y se los puso en la mano a Aladino, preguntándole: "¡Oh hijo mío! ¿dónde habita tu madre, la mujer de mi hermano?" Y Aladino, completamente conquistado por la generosidad y la cara sonriente del magrebí, lo cogió de la mano, le condujo al extremo de la plaza y le mostró con el dedo el camino de su casa, diciendo: "¡Allí vive!- Y el magrebí le dijo: "Estos diez dinares que te doy, ¡oh hijo mío! ,se los entregarás a la esposa de mi difunto hermano, transmitiéndole mis zalemas. ¡Y le anunciarás que tu tío acaba de llegar de viaje, tras larga ausencia en el extranjero, y que espera, si Alá quiere, poder presentarse en la casa mañana para formular por sí mismo los deseos a la esposa de su hermano y ver los lugares donde pasó su vida el difunto y visitar su tumba!"
Cuando Aladino oyó estas palabras del magrebí, quiso inmediatamente complacerle, y después de besarle la mano se apresuró a correr con alegría a su casa, a la cual llegó, al contrario que de costumbre, a una hora que no era la de comer, y exclamó al entrar: "¡Oh madre mía! ¡Vengo a anunciarte que, tras larga ausencia en el extranjero, acaba de llegar de su viaje mi tío, y te transmite sus zalemas!" Y contestó la madre de Aladino, muy asombrada de aquel lenguaje insólito y de aquella entrada inesperada: "¡Cualquiera diría, hijo mío, que quieres burlarte de tu madre! Porque ¿quién es ese tío de que me hablas? ¿Y de dónde y desde cuándo tienes un tío que esté vivo todavía?" Y dijo Aladino: "¿Cómo puedes decir, ¡oh madre mía! ,que no tengo tío ni pariente que esté vivo aún, si el hombre en cuestión es hermano de mi difunto padre? ¡Y la prueba está en que me estrechó contra su pecho y me besó llorando y me encargó que viniera a darte la noticia y a ponerte al corriente!" Y dijo la madre de Aladino: "Sí, hijo mío, ya sé que tenías un tío; pero hace largos años que murió. ¡Y no supe que desde entonces tuvieras otro tío!" Y miro con ojos muy asombrados a su hijo Aladino, que ya se ocupaba de otra cosa. Y no le dijo nada más acerca del particular en aquel día. Y Aladino, por su parte, no le habló de la dádiva del magrebí.
Al día siguiente ,Aladino salió de casa a primera hora de la mañana; y el magrebí, que ya andaba buscándole, le encontró en el mismo sitio que la víspera, dedicado a divertirse, como de costumbre, con los vagabundos de su edad. Y se acercó inmediataniente a él, le cogió de la mano, lo estrechó contra su corazón, y le besó con ternura. Luego sacó de su cinturón dos dinares y se los entregó diciendo: "Ve a buscar a tu madre y dile, dándole estos dos dinares: "¡Mi tío tiene intención de venir esta noche a cenar con nosotros, y por eso te envía este dinero para que prepares manjares excelentes!" Luego añadió, inclinándose hacia él: "¡Y ahora, ya Aladino, enséñame por segunda vez el camino de tu casa!" Y contestó Aladino: "Por encima de mi cabeza y de mis ojos, ¡oh tio mío!" Y echó a andar delante y le enseñó el camino de su casa. Y el magrebí le dejó y se fue por su camino...
En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.[...]

LA POESÍA DE LOS GOLIARDOS

  Al mismo tiempo que se desarrolla una poesía culta escrita el lenguas romances, y en un momento en que el uso del latín está comenzando a decrecer (siglos XI-XIII), aparece en toda Europa un tipo de poesía profana, escrita en latín: la poesía de los goliardos. Los autores son, por lo general, estudiantes universitarios, clérigos sin beneficio o monjes exclaustrados, y, entre el regocijo y la burla, alaban la vida alegre con ingenio y agudeza expresiva.

  Sus composiciones, de caracter anónimo, están recogidas en cancioneros; el más famoso es el denominado "Carmina Burana", con 229 poemas escritos en Alemania.


Cuando estamos en la taberna
no nos preocupamos de qué es la tierra,
sino que al juego nos precipitamos,
al que siempre con ardor nos dedicamos.
Qué sucede en la taberna,
donde el dinero las copas llena,
es necesario preguntarnos,
mas qué estoy diciendo oigamos.

domingo, 14 de noviembre de 2010

PERVIVENCIA DE LA LITERATURA CLÁSICA EN LA LITERATURA ESPAÑOLA

FEDERICO GARCÍA LORCA

"ESTÍO"

Ceres ha llorado
sus lágrimas de oro.
Las profundas heridas
de los arados
han dado racimos de lágrimas.
El hombre bajo el sol
recoge el gran llanto
de fuego.
El gran llanto de Cristo
recién nacido.
(Cruz,
aspa,
llama).
Ceres está muerta
sobre la campiña,
su pecho acribillado de amapolas,
su corazón
acribillado de cigarras.

ANTONIO MACHADO [DEDICADO A VALLE-INCLÁN]

Yo era en mis sueños, don Ramón, viajero
del áspero camino, y tú, Caronte,
de ojos de llama, el fúnebre barquero
de las revueltas aguas de Aqueronte.

Plúrida barba el pecho te caía.
(Yo quise ver tu manquedad en vano).
Sobre la negra barba aparecía
tu verde senectud de dios pagano.

"Habla"- dijiste, y yo: "Cantar quisiera
loor de tu don Juan y tu paisaje,
en esta hora de verdad sincera.

Porque faltó mi voz en tu homenaje,
permite que en la pálida ribera
te pague en áureo verso mi barcaje".

GERARDO DIEGO

"Púnica Dido"


Púnica Dido o reina de Tartessos
o hembra blanca mirlesa[1] de la alta Nubia,
tu estatua arranca rabias de la gubia[2]
y cadencias de flauta alza en mis huesos.

Cuando el goloso áspid de los besos[3]
tu cuello escorzas implorando lluvia,
mi frente transparente se te asubia[4]
en el hombro de castos embelesos.

Toda eres tú clausura y abandono,
desecho de ignominia al pie del trono
e infanta fiera y virgen en el fango.

Abrázame, mi esclava reina etíope,
abrásame[5], mi Erato y mi Calíope,
tetigi tingitania que te tango[6].


[1] Neologismo que puede proceder de “mirlar”. R.A.E. Embalsamar cadáveres
[2] Obsérvese la aliteración de nasales, oclusivas  y vocales abiertas en el verso 2, o de oclusivas y vibrantes múltiples en el verso 3. Gubia”: R.A.E. Formón de mediacaña, delgado, que usan los carpinteros y otros artífices para labrar superficies curvas.

[3] El áspid aparecía frecuentemente en la poesía de los Siglos de Oro para aludir al sentimiento amoroso, ya que se pensaba que, como esta víbora, inyectaba un veneno mortal. Se trata de una metáfora tópica desde Petrarca.
[4]Asubia”: R.A.E. Cantabria. Guarecerse de la lluvia

[5] La paranomasia entre “Abrázame” y “abrásame” es un juego con el significante de las palabras, equivalente al de la jitanjáfora del verso final.

[6]  A partir del verbo  latino “tango- tangere”, que significa “tocar”, el poeta crea una serie de palabras inventadas que funcionan como colofón rítmico y burlesco del soneto, a la par que tratan de reproducir  la lengua latina propia de los protagonistas. En este caso, la aproximación a la lengua clásica es simplemente humorística, no nos encontramos ante un intento serio de aproximar al castellano al latín, como en Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León o Don Luis de Góngora.   

GERARDO DIEGO

¿Para quién cantas tú, para quién canta
tu alma de luz, el lirio de tu cuello?
¿Para el fuego de Apolo o el cabello
en fuga huracanado de Atalanta?
Árboles, rocas, fieras, mueve, imanta,
bambolea y concentra tu destello
de oro, tu timbre que, si eriza el vello,
desde el orco hasta el cielo nos levanta.
Tu voz conduces, intervalas, bañas
en llanto. Se te rompe. Mas perdura
tu mano, Orfeo, que edifica y dice
-arrancando a la lira sus entrañas-
las sílabas de un nombre que inaugura,
crea toda la música: ¡Eurídice!

JOSÉ HIERRO

"Odiseo en Barcelona"

Si nunca hubiese vuelto.
¡Cuánto mejor si nunca hubiese vuelto!
Navegaban conmigo Nausicaas y Penélopes,
las llevaba tatuadas en mis brazos
para tener su rostro ante mis ojos
y no olvidarlas nunca.
Pero la piel se me ha arrugado
y las celestemente jóvenes
parecen ahora ancianas damas.
Si nunca hubiese vuelto.
Llegué con las orejas taponadas
para no ser esclavo del hechizo
del canto aquel que nunca llegué a oír.
Y hallé cipreses góticos,
piedras y seres que jamás soñé,
palabras diferentes,
y no estaban mis islas,
o acaso fueran sólo un sueño mío.
Si nunca hubiese vuelto. Pero he vuelto,
y aquí estoy otra vez, acariciando
este puñado de humo.

VÍCTOR BOTAS

"Teseo"

Si Teseo se llevó consigo a Ariadna
por el mar como vino (ya no sé
si la frase es de Sciascia o es del bueno
de Homero) solamente
por gratitud, no es raro
que la dejara así, echando un sueño,
en las rubias arenas de la isla de Naxos.
No es raro, no: Teseo
tenía que escapar de aquella cárcel
del agradecimiento- al amor, mes amis, no le es posible
vivir agradecido ni obligado
a piedad.
Claro que cabe
también que resultara
Ariadna una sabihonda de esas que
cualquiera aguanta (hipótesis
igualmente aceptable
y que de sobra explica el abandono).
Lo otro,
lo de liarse Ariadna con Dionisos (seamos
 realistas), yo me inclino
a pensas que fue sólo un mero asunto
de vengativos celos de mujer
despechada:
de chica
tan lista como Ariadna ( recordemos
el famoso hilo que a Teseo
sacó del laberinto), no imagino
que pudiera quedarse (y menos luego
de conocer al héroe) contenta
con un pobre borracho medio imbécil,
por muy dios que éste fuera.
(Hay que añadir
aquí otro dato muy a tener en cuenta: que Dionisos aún
no había conseguido ni siquiera
plaza como interino en el Olimpo).




GUÍA DE LECTURA DE "ROMEO Y JULIETA"

GUÍA DE LECTURA: “ROMEO Y JULIETA” DE SHAKESPEARE
1.       En el prólogo nos encontramos con un coro, ¿qué función desempeña? ¿A qué tradición teatral remite su presencia en la obra? Explica el significado del verso: “nacieron dos amantes bajo estrella rival” y relaciónalo con el concepto de tragedia que defiende Aristóteles en su Poética”.
ACTO I
A)     ESCENA 1
A.1. ¿Contra quién luchan y por qué Gregory y Sampson en esta primera escena? ¿A qué tipo de amor remiten sus juegos de palabras?
A.2. Analiza el carácter de Tibaldo y el de Lady Capuleto: ¿aparecen caracterizados de forma positiva por el dramaturgo? ¿Por qué? ¿Y el Príncipe?
A.3. Benvolio ha visto al joven Romeo paseando por la arboleda una hora antes del amanecer porque está muy triste y busca la soledad. ¿Qué síntomas de “la enfermedad del amor” presenta Romeo? Haz un listado con todos los rasgos que permitan caracterizar a Romeo como amante petrarquista (fíjate, especialmente, en la descripción que hace del amor, en su forma de expresarse y en las metáforas que utiliza). ¿Te recuerda a algún otro enamorado muy conocido dentro de la Literatura Española?
A.4. Las horas son interminables para Romeo si no puede conseguir lo que desea: ¿qué consecuencias tiene la prisa por vivir característica de los adolescentes en esta obra?
A.5. Busca en una intervención de Romeo unos versos que puedan relacionarse con el siguiente poema de Garcilaso de la Vega:
Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribiste, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo de esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida,
por hábito del alma misma os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos:
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.
B)     ESCENA 2
B.1. Analiza el carácter de Capuleto, el padre de Julieta. ¿Qué visión tiene de su hija?
B.2. ¿Qué aconseja Benvolio a Romeo para curar su mal? ¿Cómo descubre Romeo que Rosalina acudirá esa misma noche a la fiesta de los Capuleto?

C)     ESCENA 3
C.1. Analiza la forma de hablar de la nodriza: ¿a qué nivel pertenece y qué características tiene? Explica el significado de la anécdota que relata: “¿Así que te caes de morros?/ Ya caerás boca arriba cuando tengas juicio”.
C.2. ¿De qué manera responde Julieta a las preguntas de Lady Capuleto acerca de su posible boda con Paris? ¿Cuántos años tiene Lady Capuleto? Explica la metáfora que emplea la madre de Julieta para equiparar a Paris con un libro.
       D) ESCENA 4
D.1. ¿Qué piensa sobre los sueños Romeo? ¿Y su amigo Mercutio?
D.2. Mercutio alude a la reina Mab, personaje fantástico de la Literatura Inglesa, ¿cómo la describe? Busca y lee el cuento de Rubén Darío titulado El velo de la reina Mab y resume su contenido, comparándolo con la descripción  de este personaje en la obra de Shakespeare.
D.3. ¿Qué presagio siente Romeo? ¿Qué faro que cree que le guiará hacia buen puerto?
         E) ESCENA 5
E.1. Romeo y Julieta, como jóvenes, viven el presente; los adultos, en cambio, añoran el pasado: busca fragmentos de la obra en los que se perciba esta diferencia.
E.2. Romeo se enamora de Julieta cuando la contempla en la fiesta: ¿de qué manera la describe? ¿Qué destaca de ella? Fíjate en las metáforas e imágenes que utiliza.
E.3. ¿Quién descubre la presencia de un Montesco en la fiesta? ¿Cómo lo descubre? ¿Cómo reacciona Tibaldo al saber que está Romeo allí? ¿Y Capuleto?
E.4. Analiza el primer diálogo entre Romeo y Julieta, ¿cómo es el lenguaje que emplean?
E.5. ¿Gracias a quién descubre Romeo que Julieta es una Capuleto? ¿A quién ordena Julieta averiguar si el joven del que se ha enamorado está casado?
E.6. ¿Qué palabras de Julieta parecen presagiar el final trágico de los dos amantes?
ACTO II

A) ESCENA 1

A.1. Mercurio se burla de Romeo en esta escena, ¿qué rasgos del joven caricaturiza?

B) ESCENA 2

B.1. ¿Cómo describe Romeo a Julieta? Fíjate especialmente en todas las imágenes que aluden al campo semántico de la luz.
B.2. Julieta piensa que nadie la escucha cuando habla imaginariamente desde el balcón con Romeo, ¿qué le pide al joven? Relaciona las palabras de Julieta con este poema de Pedro Salinas:

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

B.3.  Analiza las diferentes actitudes que adoptan Romeo y Julieta ante el obstáculo que impide su amor.

B.4. ¿A qué dioses aluden constantemente los dos enamorados? ¿A qué puede deberse este hecho?

B.5. ¿Qué teme Romeo que haya sido en realidad su encuentro nocturno con Julieta? ¿Por qué motivo ella compara ese mismo encuentro con un relámpago?

C) ESCENA 3

C.1. ¿Qué estaba haciendo fray Lorenzo cuando Romeo acude a él para pedirle ayuda? ¿Qué momento del día es?

C.2.Enumera los argumentos que esgrime Romeo para tratar de convencer a fray Lorenzo de que su amor por Julieta es sincero. ¿Cuál es la razón que impulsa al fraile a casar a los dos adolescentes?
C.3. ¿Qué le recrimina el fraile a Romeo y sobre qué le previene? Expresa tu opinión acerca del comportamiento del religioso.

D) ESCENA 4

D.1. Benvolio asegura que el irascible Tibaldo ha enviado una carta de desafío a Romeo, ¿qué teme Mercutio que sucederá? Explica por qué motivo se compara el arte de la esgrima con la música.

D.2.  Mercutio se burla de Romeo, ¿qué aspectos destaca del joven enamorado?

D.3. ¿Por qué Mercutio acusa a la nodriza de ser una “alcahueta”?  ¿Por qué motivo la nodriza se enfada con Mercutio? ¿Qué plan ha tramado Romeo?

E) ESCENA 5

E.1. Explica en qué reside el tono burlesco y humorístico de esta escena.

F) ESCENA 6

F.1. Fray Lorenzo tiene una premonición acerca de lo que puede pasar en el futuro: copia y comenta el sentido de sus palabras avisando acerca de lo que podría suceder.

F.2. ¿Qué nos dice Shakespeare acerca de la relación que existe entre el lenguaje y el pensamiento a través de las palabras de Julieta? Copia sus palabras e intenta explicar su sentido.

ACTO III

Escena 1

1.  ¿Qué rasgo del carácter de Benvolio destaca Mercutio? ¿Por qué razón se desafían Mercutio y Teobaldo? ¿Cómo reacciona Romeo ante los insultos de Teobaldo?

2. ¿Por qué motivo maldice Mercutio a Romeo? Romeo se siente en la obligación de matar a Teobaldo para vengar la muerte de su amigo, ¿qué le hace titubear? ¿Qué presiente antes de entablar la lucha?

3. Explica la importancia que tiene esta frase de Romeo dentro del conjunto de la obra: “Soy un juguete del destino”.

4.  ¿Cómo reacciona Lady Capuleto al ver el cadáver de Teobaldo?

Escena 2

1. ¿Qué desea que ocurra Julieta en su monólogo? Comenta cómo son las expresiones que utiliza Julieta para referirse a su amado cuando se entera de que ha sido Romeo el asesino de Teobaldo.

2. ¿Qué le promete a Julieta la nodriza para consolarla?

Escena 3

1. ¿De qué modo reacciona Romeo al saber que el Príncipe le ha castigado con el destierro? ¿Qué quiere hacer al enterarse?

2. ¿Qué le ofrece fray Lorenzo como consuelo? ¿Quién acude a buscar al joven enamorado?

3. Explica en qué consiste el plan de fray Lorenzo para que los dos enamorados se reúnan.

Escena 4

1. ¿Qué le promete Capuleto a Paris? Comenta qué función cumple Paris en la obra.

Escena 5

1. Describe cómo es la actitud que mantiene cada uno de los protagonistas en su encuentro amoroso: ¿se produce algún cambio con respecto a los anteriores encuentros entre ambos? Razona tu respuesta.

2. Compara el primer encuentro entre Romeo y Julieta con esta jarcha medieval:

No dormiré, madre.
Al rayar la mañana,
viene Abu-Qasim
con su faz de aurora.

3.  ¿Cómo reacciona Capuleto ante la negativa de Julieta de contraer matrimonio? ¿A dónde acude la joven a buscar ayuda? ¿Por qué maldice a su nodriza?  

"LA CASA DE ASTERIÓN" DE BORGES

La casa de Asterión
El Aleph (1949)


      Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
                  Apolodoro: Biblioteca, iii, I.



         Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)[1] están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios pero si la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en egipto hay una parecida). Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridicula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, anadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se posternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó en el mar. no en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
          El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espiritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duremo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocaremos en otro patio o bien decía yo que te gustaría la canalta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás como el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reimos buenamente los dos.
          No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, asterión. quizá yo he creado las estrellas y el sol la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
          Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La cremonia dura pocos minutos. uno tras otro caen sin que yo me ensangrinte las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadaveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llgaría mi redentor. desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mo oído alcanza todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

          El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
          —¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.


A Marta Mosquera Eastman


[1] El original dice catorce, pero sobran motivos para creer inferir que, en boca de asterión, el número catorce vale por infinitos.